Las excusas de un niño para no irse a dormir son ilimitadas: que no tiene sueño, que le duele la tripa, que "porfa" un ratito más. La hora de acostarse puede ser una lucha diaria, pero con un poco de paciencia, podemos inculcarles una buena rutina de sueño.
El organismo de los niños funciona como un mecanismo de relojería, por eso hay que establecer un horario y ser muy estrictos en su cumplimiento. Un crío acostumbrado a ir a la cama todos los días a la misma hora, empezará a sentir sueño cuando se acerca esa hora. En cambio, si no somos estrictos se generarán resistencias de dos tipos:
-Una de tipo psicológico: el niño se opondrá si un día le acostamos demasiado pronto, y al otro demasiado tarde. Pensará que al día siguiente tiene derecho a lo mismo.
-Otra de tipo fisiológico, ya que el organismo infantil no desarrollará el mecanismo de realizar sus funciones a la misma hora, en este caso dormirse.
Por tanto, hay que ser muy firmes y no permitir que se cambie la hora de irse a la cama. Lo cual no implica gritos ni violencia, sino tenacidad y persuasión. El mismo hecho de que lo convirtamos en un hábito, es decir, en un automatismo, hace la mitad del trabajo.
La otra mitad la realiza eso que llamamos "el ritual". A los niños les gusta que ciertas cosas transcurran todos los días de la misma manera y en el mismo orden. El baño antes de cenar, la cena, hacer pis, ponerse el pijama... todo ello en nuestra compañía y como un juego placentero, les predispone a meterse en la cama y dormir.
Una vez entre las sábanas, el niño afronta el delicado momento de quedarse solo y a oscuras. Para aliviar este paso, ayuda mucho pasar un rato junto a su cama, una canción, algún cuento, unas palabras tiernas, el beso de buenas noches, un relajante "Duerme tranquilo que papá y mamá te cuidan" y un peluche que sea un buen compañero para la travesía nocturna.
Obtenido en: http://www.serpadres.es/1-2anos/educacion-y-desarrollo/2-anos-irse-cama-dormir-sueno.html

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