El divorcio, siempre produce un alto impacto emocional en los hijos.
Atenuar este impacto para que sus consecuencias no acarreen un daño
irreversible en su desarrollo psicológico - evolutivo, así como, alcanzar una
reorganización familiar viable, es crucial para los niños.
Pareciera que los matrimonios duran cada vez menos tiempo y no es raro ver
padres que se separan con hijos pequeños, a los que les espera una larga tarea
de crianza por delante. Es muy importante que estos padres sepan cuáles son las
reacciones más comunes de los niños y cómo actuar. Los progenitores que se
divorcian, aun los que no querían
hacerlo, sienten culpa y por lo general la culpa los vuelve incompetentes para
cumplir con las funciones normativas.
Por otro lado, cuando se trata de bebes o niños pequeños, los padres creen
que ellos no perciben lo que pasa en su familia y esto es un error, porque los hijos pequeños
desarrollan síntomas.
Cuando la separación es un hecho y no hay vuelta atrás, tomar los recaudos
necesarios para disminuir el impacto de la ruptura marital en los hijos debe
ser prioridad uno para los padres. Hay dos cosas que en estas circunstancias
deben saber:
-la primera: nadie mejor que ellos para ayudar a sus hijos a transitar la
crisis.
-la segunda, que para ayudar a sus hijos deben estar bien informados.
El efecto reparador que produce en los niños, especialmente en los más
pequeños, el mensaje dicho por ambos padres: "aunque ya no vivamos todos
juntos, los dos te vamos a seguir queriendo mucho toda la vida y te vamos a
seguir cuidando juntos", no puede ser superado.
El divorcio es siempre para los hijos una experiencia diferente que para
los padres: la familia en la cual los niños nacieron, crecieron y vivieron toda
su vida se muere y cualquiera fueran sus deficiencias, sienten que es la
entidad que les brinda el apoyo y la seguridad que necesitan. El ser humano, al
nacer, requiere del cuidado de sus progenitores durante mucho más tiempo que
cualquier otra especie y los niños son conscientes de esa dependencia.
Investigadores de distintas especialidades han estudiado los efectos del
divorcio en los niños y adolescentes, pero no hay conclusiones unánimes. Un
estudio publicado por UNICEF señala que las consecuencias pueden ir de
moderadas a graves, de transitorias a permanentes y que dependen:
1) del grado del conflicto previo, especialmente que se involucre o no a
los hijos.
2) del ejercicio o no de la coparentalidad (crianza conjunta de los hijos).
3) de los efectos del deterioro económico y del estilo de vida que por lo
general trae aparejado.
El divorcio se ha instituido para los cónyuges, no existen "ex hijos"
ni "ex padres". Los matrimonios no se divorcian de sus hijos, ni entre
sí como padres, o... al menos, no deberían hacerlo.
Las reacciones y sentimientos de los niños dependen de diferentes factores:
edad, explicaciones recibidas, continuidad de la relación con ambos
progenitores, acuerdos o desacuerdos entre los padres, grado de hostilidad
entre los mismos, intervención de otros adultos o sistemas, etc.
Entre los 3 y 5 años:
Es común que los niños pequeños esperen la reconciliación durante varios
años. También creen ser responsables por el divorcio y como si hubieran hecho
algo malo, se preguntan sí el papá o la mamá se fue porque ellos hicieron algo
que no debían.
Pueden desarrollar:
-Conductas regresivas, como: orinarse en la cama, succionar el pulgar,
hablar como bebé o portarse mal.
-Miedo a no ver más al padre que se va de la casa o a que el otro lo
abandone.
-Miedo a que los padres dejen de quererlo. Miedo al rechazo.
-Enojo, que manifiestan golpeando o rompiendo sus juguetes, tristeza,
depresión, baja autoestima.
-Se sienten responsables del divorcio: auto – acusaciones.
En esta etapa, los padres los ayudan
cuando:
-Les aseguran una y otra vez que los quieren y los querrán siempre. Hay que
repetirlo y demostrarlo tanta veces como sea necesario,
-Les aseguran que verán regularmente al padre que no convive (si
efectivamente va a ser así).
-Les aseguran que no son responsables del divorcio.
-Los escuchan, permitiéndoles expresar su tristeza y su enojo, les brindan
apoyo y compresión.
-No hablan mal del otro padre en su presencia, y no los usan como
mensajeros, espías o rehenes.
-No les piden información acerca de que cosas tienen o hacen en la otra
casa.
-No los involucran en las peleas.
De 6 a 8 años:
No relacionan en un principio la conducta de sus padres con la disolución
de la familia. Piensan que sus progenitores se volvieron locos, sienten miedo,
angustia y desconcierto. Están confundidos, tratando de comprender quienes son
y adónde pertenecen. Cuando los padres se separan, los niños se sienten solos,
impotentes, profundamente tristes, pero también con rabia y enojo.
El aspecto menos diagnosticado del divorcio es la depresión en los niños. A
menudo están tristes, distantes y esquivos aunque les vaya bien en la escuela.
Los síntomas incluyen mal humor, enojo y peleas. Habitualmente estos síntomas
no son considerados una evidencia de depresión pero generalmente los son. Los
chicos cuando se deprimen se vuelven irritables, contestan mal, no escuchan y
hasta sobresaltan con exabruptos. Cuando la depresión no se detecta y orienta,
estas conductas empeoran dejando perplejos y sin saber que hacer a padres y
maestros.
A esta edad los niños:
-Idealizan al padre ausente y agreden al que convive con él.
-Sienten que sus padres son egoístas por no haber conservado la familia y
sus padres los han traicionado.
-El miedo puede derivar en problemas de conducta.
-Sienten que no los quieren.
-Anhelan volver a unir a sus padres.
-Se distraen con facilidad, dificultades para concentrarse en el juego y en
las tareas escolares.
-Pueden convertirse en "cuidadores" de un padre (generalmente al
que ven más sólo o más débil) o asumir un rol parental en el hogar.
-Hay niños que ven a sus padres violar las normas que ellos mismos les
enseñaron y les da vergüenza cuando los escuchan pelear.
En esta etapa, los padres los ayudan
cuando:
-Les explican el divorcio en términos que pueden entenderlos.
-Tratan de que entiendan, que así como no son responsables del divorcio,
tampoco lo son de la reconciliación.
-Aceptan sus sentimientos de enojo o de tristeza como naturales.
-No los involucran en peleas conyugales.
-Los padres deben tratar de conservar estables tantos aspectos de la vida de
sus hijos como sea posible.

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